Sirena madre
SOBRE LA AUTORA FICHA
PERSONAL 
CUANDO EL EMBARAZO
TERMINA EN PÉRDIDA

Publicaciones
Charlas en los colegios
Contacta conmigo
Sobre la autora
¿Me cuentas
un cuento?



                                                                             
         CUANDO EL EMBARAZO TERMINA EN PÉRDIDA
           Este texto va dirigido a mujeres que, como yo, han sufrido alguna vez la pérdida de un bebé. No pretende ser una defensa de la maternidad, ni tampoco un ataque contra el aborto voluntario. Con estas palabras sólo quiero expresar el dolor y la soledad de aquellas mujeres que, estando embarazadas, lo perdieron sin que ellas pudieran hacer nada por evitarlo.

           Nunca he sentido en mi vida tanto vacío como la primera vez que sufrí un aborto. Los amigos y familiares se te acercan tratando de minimizar tu dolor, con frases como: "ya llegará", "yo conocí a una mujer que tuvo un aborto y ahora tiene cinco hijos" o la famosa "no te preocupes, la mancha de una mora con otra verde se quita".  Como si la pérdida de un hijo doliera menos porque otros hayan pasado por lo mismo, ¡y a mí qué me importaba lo que hubieran pasado otros! Estas frases me herían profundamente, porque indicaban que no entendían nada de lo que yo estaba sufriendo.

      Me gustaría encontrar un discurso esperanzador para todas aquellas mujeres que no han conseguido todavía tener un hijo. Yo conozco la desazón de pensar que quizás no lo vas a tener nunca o la rabia de ver cómo todos los que te rodean los tienen con total facilidad, mientras tú vas de aborto en aborto, eso sin contar la cantidad de meses que te puedes pasar sin que ni siquiera te quedes.

          No se me olvidará la primera vez que me dijeron que el embarazo iba mal. "Hay que disolver el embarazo", dijo la doctora. Yo había ido sola a urgencias, y allí estaba escuchando todo lo que tenían que decirme. Me ingresaron y me pusieron el famoso metrotexate que, según decían, iba a acabar con mi embarazo ectópico. El problema es que no me dejaron ingresada para verificar si había funcionado; me pusieron la inyección, me ingresaron una noche y me dieron el alta. Esa noche yo lloraba desconsolada en una habitación en el Hospital de la Paz. No dejaron acompantes. Sólo estaba mi compañera de habitación, a la que acababan de operar de un tumor. A medianoche la angustia que sentía era insoportable, no aguantaba el dolor ni las lágrimas, me sentía mal, muy triste. Puede que perdiera el control, no lo recuerdo, solo sé que no paraba de llorar y que mi compañera, preocupada por mí, decidió llamar preocupada a la enfermera para ver si me daban un tranquilizante. Esta llegó a la habitación muy enfadada y, con mucho desprecio, me preguntó: "¿Por qué lloras? ¿Quieres dejar de molestar a tu compañera?". Y, a continuación, me dijo: "¿Qué era, tu primer hijo?".  Y yo, sin parar de llorar, afirmé con la cabeza, a lo que ella contestó: "¡¿Y por eso lloras?!". Dijo la muy hija de puta.

       Quien haya pasado por algo así podrá comprender la rabia que sentí en ese momento, en el que mi único pensamiento fue: "ojalá algún día a tu hija le pase lo mismo que a mí". No se lo dije, pero lo pensé llena de odio. 
   
         Dos semanas después ingresaba de nuevo en el Hospital de la Paz. El metrotexate no había funcionado, el embrión había seguido creciendo y yo ingresaba en el hospital muy grave con una hemorragia interna. En menos de dos horas estaba en quirófano. Me quitaron la trompa derecha y, de paso, todas mis ilusiones.

         Después de aquello estuve un año y medio con depresión y, para salir, necesité ayuda psicológica y medicación. La angustia era insoportable. ¿Por qué las demás tenían a su bebé y yo lo veía tan difícil? ¿Y dónde estaba la gente como yo? Mis amigos y familiares me hablaban de gente que había sufrido un aborto y parecía que lo habían superado pronto, ¿pero no había mujeres como yo, a las que la pérdida se les hizo insoportable?

        Y entonces mi psicóloga, que tanto me ayudó, me habló de una web americana donde recogían testimonios de mujeres que habían tenido un aborto y se sentían mal. Me puse en contacto con ellas y les mandé un correo donde explicaba todo lo que yo había pasado. Tiempo después me escribieron para decirme que iban a publicar un libro sobre el tema y que querían incluir mi relato. Aquel libro se llamó: "Cuando el embarazo termina en pérdida" y se publicó dentro de una colección de Psicología, como Pérdida y Superación.

        Cuando salió y pude leer el resto de las historias, descubrí que había otras muchas mujeres como yo. Casualmente, o no tan casualmente, la mayoría respondía a mi perfil. Varias, al igual que yo,  habían comenzado un diario el mismo día que supieron que estaban embarazadas y para todas tener un hijo era un sueño deseado desde niñas. ¿Era yo diferente o simplemente respondía a un perfil? ¿Y cuántas mujeres se encontrarían en mi misma situación?

        Cinco años tardé en intentarlo de nuevo. Tenía tanto miedo de que se repitiera que no me atrevía siquiera a intentarlo. ¿Y si volvía a tener un ectópico, me afectaba a la otra trompa y nunca podía tener hijos? Era una posibilidad que podía darse. Cinco años tardamos en intentarlo de nuevo, y en el primer mes que lo intentamos, me quedé embarazada. Aquello terminó en aborto, aunque ya no me afectó tanto, porque yo estaba preparada para lo peor. Seguía teniendo miedo, mucho miedo, aunque esta vez no pensaba dejar de intentarlo. ¡Ahora sí que no lo pensaba aplazar más! Era una cuestión personal, no me iba a rendir otra vez, lo volvería a intentar, aunque no saliera. Estaba harta de tener miedo. Y entonces me quedé embarazada por tercera vez, y todo iba bien, pero en el séptimo mes se complicó. Terminó en el octavo cuando me lo tuvieron que sacar. Pesó 2,270 kgs. y era muy pequeñito, pero estaba sano y era mío. ¡Por fin tenía a mi niño!

         Otros cinco años tardamos en volver a plantearnos el darle un hermanito a Darío, y desde entonces hemos sumado dos nuevos abortos. Mi estupendo balance es el siguiente: un ectópico con pérdida de trompa, cuatro abortos y un embarazo de alto riesgo, y aún así lo seguimos intentando. Ya no me afectan emocionalmente los abortos. Ahora veo un test positivo y me digo: "¡a ver cuánto tardamos en perderlo!".  Y no me lo digo con pena, ya ni duele, estoy tan pasada que ni siquiera me importaría que no viniera. Mi única meta ahora no es tenerlo, sino no rendirme. El primero te parte el alma, pero a partir del tercero ya no sientes nada, el alma se inmuniza.

          Yo no sé si algún día podré tener otro hijo, y ya no me importa, de verdad. Yo lo único que quiero es no rendirme, porque estoy cansada de tener miedo.


Línea


            Si quieres, puedes leer aquí el texto que me publicaron. Aviso de que es muy triste.

            Cuando perdí a mi bebé

              Publicado en: Cuando el embarazo termina en pérdida, Fairview Press, Minneapolis, U.S.A., 2003.  ISBN: 1-57749-132-7.   Pp. 154-157.