hadita
       UN HADA PARA RECORDAR                      VOLVER 
           Escrito por Ruth Basto Trujillo

           Las hadas viven en nuestro corazón y de ahí nunca se marcharán. Para los que no creen en las hadas, hoy les cuento esta historia, que ha ido pasando de generación en generación en mi familia hasta llegar a mí.

           Mi abuela me contó, que le contó su abuela, que hace muchos años había una hermosa joven de cabello oscuro y largo, sonrisa radiante, manos suaves, ojos negros y grandes y su tez era morena, la hacían una de las muchachas más bonitas del pueblo.

           Como todos los días, ésta iba a recoger flores a la llanura que estaba cerca de su pueblo, pero ese día no iba como siempre, no iba cantando y las lágrimas que salían de sus ojos bañaban su rostro de tristeza.

           La muchacha, Ailín se llamaba, estuvo varios días que no hacía sino llorar, y en la llanura se sentaba en las raíces de n árbol para desahogarse y que nadie escuchara su pena.

           Un día estaba sentada en la sombra de aquel flamante árbol y vio pasar algo volando delante de ella y pensando que era una hoja no le dio mayor importancia. Al rato un hada, pequeña pero linda, se le acercó y le dijo:

- ¿Por qué lloras, Ailín?

- A pesar de ser tan hermosa y de tener muchos pretendientes, aún no sé lo que es amar, y mi corazón siente que solo late por seguir viviendo y no porque alguien lo haga latir para tener dos latidos en un mismo cuerpo.

- Ailín, eres muy joven para conocer el sentido del amor, pero pronto te llegará y volverás a sonreír como antes lo hacías, volverás a entonar las dulces y tiernas canciones que desprendían tus labios, y te sentirás flotando y pensarás que vuelas pero es el amor lo que hace que te sientas así.

- Tú, siendo tan chiquita, ¿Cómo puedes conocer todo eso sobre el amor?

- Porque aunque me veas pequeña, yo ya tengo mis años. No me puedo quedar más, tengo que irme, pero piensa que muy pronto estarás preparada para conocer el amor.

             El hada desapareció. Aún con las palabras del hada Ailín se sentía desgraciada, y no quería seguir viviendo, quería sentir lo más rápido posible lo que era el amor y que nunca la abandonara.

             Varios meses transcurrieron así. Ailín no era la de antes, ya no se cuidaba el cabello, y
ya no se veía tan hermosa como antes, pero lo que más apenaba a la gente del pueblo era que sus ojos desprendían tristeza y se ponía a llorar en cada rincón que pudiera.

El hada se le aparecía todas las noches para darle consejos, pero aun así Ailín no recuperaba la sonrisa.

- ¿Cómo me sigues diciendo que mi amor va a llegar? Han pasado varios meses y aun no ha pasado nada, mi corazón cada día esta mas débil y no sé cómo combatir eso. 

- Ailín, la paciencia es una virtud que todos debemos aprender, y tú eres una de las personas más dulces, bellas, tiernas y amables que he conocido a lo largo de mi vida, pero aún así te falta algo importante, saber aprender, saber vivir, y sobretodo tener paciencia.

- No puedo tener paciencia cuando veo que mi rostro se marchita y mi belleza queda en el olvido.

- No debes fijarte en la belleza del exterior, fíjate en la belleza del interior que es la importante. Puedes ser un demonio con cara de ángel, o puedes ser un ángel con cara de demonio, pero lo que tienes en el corazón nadie te lo podrá quitar jamás.

           Dicho esto el hada se marchó una noche más, dejando a Ailín sola con su pena.

           Al escuchar las últimas palabras del hada que la acompañaba cada noche, se dio cuenta de que era muy hermosa, y que si su belleza quedaba en el olvido era porque ella quería. Se levantó y se puso lo más hermosa que pudo, se peinó el cabello, y volvió a esbozar una sonrisa, salió de su casa para dar un paseo con la luz de la luna por testigo de que ella había vuelto, y de que pronto sentiría el amor.

            El hada la vio salir de la casa y la siguió. No sabía a dónde se dirigía, pero se pensó lo peor, y no quería que a Ailín le pasara nada malo, pues se había encariñado mucho con ella, y le tenía mucho afecto.

           Ailín, se dirigió a la llanura, y se sentó donde se solía sentar a llorar, pero esta vez no lloró, entonó una canción y su voz llegó hasta los oídos de la gente del pueblo, que hipnotizados por la dulzura de la voz se quedaron despiertos a oír ese dulce cantar.

           Después de largo rato cantando se sintió mejor, y se disponía a volver a su casa, pero alguien habló de detrás de unos matorrales.

- No te vayas por favor, sigue cantando.

- ¿Quién eres? - Dijo Ailín acercándose al matorral.

- No te acerques por favor, no querrás verme, yo solo quiero que sigas cantando, tu voz es tan dulce que no quiero parar de escucharla ¿Podrías cantar otra canción para mi?

          Ailín estaba intrigada, pero aceptó la petición. Cantó otra canción, y cuando terminó, quiso mirar detrás de del arbusto, pero allí no había nadie.

          Todas las noches iba para la llanura a cantar una canción, y siempre detrás del arbusto le decían que cantara otra. Ella aceptaba.

          Un día, decidió hablar con esa persona que estaba detrás del arbusto y, cuando le pidió otra canción, ella dijo.

- ¿Cómo te llamas?
- Steven.
- Steven, ¿Por qué nunca dejas que te vea?
- Te asustarías de mi rostro.
- ¿Por qué debo asustarme?
- Tuve un accidente, mi casa se incendió y ahora tengo el rostro desfigurado, pero no quiero hablar de ello, me gustaría que cantaras otra canción.
- Steven, todas las noche vengo aquí con la fe de poder verte, y ahora que me has dicho los motivos de el por qué no quieres que te vea, más ganas me dan de verte. No me asustaré, sólo quiero poder darte un beso, puesto que eres el único chico con el que he estado tanto tiempo, y siento que mi corazón late junto con el tuyo. No podría irme de aquí sin poder verte, aunque solo sea una vez, aunque después no quieras que te vea más.

             Steven se quedó pensativo. No sabía qué hacer. Él la había amado desde el momento en que la vio, pero su rostro, incluso él cuando se miraba en un espejo se daba miedo, y no quería que nadie lo viera, por eso solo salía por las noches, y cuando escuchó la voz de Ailín se quedo prendado, y cuando la vio se enamoró.

              Steven se fue y no dejo que Ailín lo viera, y esa noche Ailín volvió a la tristeza. El hada volvió, y hablando con Ailín se enteró de toda la historia.
- No puedes obligar a Steven a que lo veas. Él está dolido por cómo lo ha tratado la gente desde el accidente. Debes entender su situación.

- ¿Tú lo conoces?
- Ailín, sí, lo conozco, y con él he hablado de ti, como voy a hacer ahora contigo.

El hada le contó todo lo que sabía de Steven a Ailín, pero no le dijo como podía encontrarlo, puesto que había sido petición de Steven que no se lo dijera y ella se sentía en la obligación de no decírselo.

- Ya entiendo el amor, sé lo que se siente, y aunque sea correspondida no puedo sentirme del todo completa porque no puedo tener la persona que amo a mi lado.

- Ailín, tiempo al tiempo, aunque si quieres besarlo, sé una manera de que lo puedas besar sin que lo veas.

            A la noche siguiente Ailín se puso a cantar como todas las noches, y Steven apareció. Ailín le contó lo que le había dicho el hada, y Steven aceptó, puesto que no había nada de malo en ello.

Ailín se tapó los ojos con un pañuelo que había traído. 

- Ya puedes salir.

- ¿Seguro que no ves nada?

- Estoy segura, como no vengas me voy a caer.

           Steven salió de entre las sombras y su rostro se iluminó por la luna, a pesar de las quemaduras en su rostro se veía que era un muchacho hermoso.

Abrazó a Ailín, y ésta se dejo llevar. Había prometido no quitarse la venda,  y lo agarró de la mano. Se dieron un largo y tendido beso, y cuando terminaron, Steven le dijo:

- ¿Por qué te has enamorado de mí? No me has visto, nunca nos hemos tocado pero aun así siento que tu corazón late al compás del mío.

- Steven, un hada me dijo una vez que no importa la belleza exterior, si no la interior. No me hace falta verte para saber que eres una persona hermosa por dentro y, si para poder besarte, tengo que hacer esto todas las noches lo hago, porque mi amor es tan grande que ve mas allá de las vendas que tienen la mayoría de la gente en los ojos. Yo veo en tu interior y sé que eres hermoso.

- Ailín, puedes quitarte la venda, puedes verme si quieres.

- Dicho esto,

Ailín se quito la venda, pero no se asustó, tuvo una radiante sonrisa en los labios y lo miró a los ojos.

- Eres muy hermoso, no quiero separarme de ti nunca. 

Poco después Ailín y Steven se casaron, la gente del pueblo se sintió avergonzada por cómo habían tratado a Steven y comprendieron que la belleza está en el interior.

El hada los siguió visitando hasta que se enteraron de su muerte, pero ellos la recuerdan, y le cuentan a sus nietos que un hada los ayudo a unirse.